La vida hablando metafóricamente se compone de valles y montañas, cuando estamos en el valle sereno todo marcha como deseamos y podemos vivir cómodamente. Mas, sin embargo cuando tenemos que escalar montañas o cruzar mares todo cambia y se torna oscuro y muchas veces difícil de descifrar en que dirección debemos ir. Sabemos que para todo cristiano deseoso de hacer la voluntad de Dios esos tiempos tormentosos tienden a confundirnos y muchas veces nos detienen. Hay dos formas en que podemos reaccionar a ellos; nos rendimos y fracasamos o nos fortalecemos y seguimos nuestro desarrollo espiritual.
Los discípulos experimentaron muchos momentos de victorias en el tiempo que compartieron con Jesús. Pero cuando la tormenta se levantó mientras estaban en el mar de Galilea. El temor los invadió. En medio de las poderosas olas y con su bote naufragando, los escogidos de Jesús fallaron en recordar las lecciones que habían aprendido acerca del poder y el propósito de su líder. Ni la aparición de Cristo caminando sobre las aguas parecía traer alivio.
Los discípulos, viéndolo andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: — ¡Un fantasma!
Mateo 14:26..
Cuando los problemas nos golpean, nosotros olvidamos lo que conocemos de Dios también. Pasamos mucho trabajo recordando las pasadas experiencias y las oraciones contestadas, la dirección que Dios proveyó a través de su Espíritu Santo y las lecciones aprendidas en las pasadas crisis. Solo el presente parece real. Nuestras mentes solo piensan en las implicaciones futuras y nuestras maltrechas emociones imposibilitan un pensamiento claro.
Con nuestras propias fuerzas, nosotros no tenemos los recursos suficientes ni las habilidades para enfrentar los retos de la vida. No fuimos creados para ser autosuficientes. No fuimos creados para vivir aislados del ser que nos creo.
Nuestro sufrimiento no es sorpresa para Dios. Él sabe por todo lo que estamos pasando. Más que eso, Él es quien está orquestando nuestras circunstancias para su gloria y nuestro beneficio, de acuerdo a su propósito y voluntad. Todo lo que llega a nuestras vidas ya sea planificado por Dios o por errores nuestros, serán utilizados para hacernos crecer espiritualmente. Así Dios provee lo que necesitamos para esos momentos en que creemos no poder sobrevivir.
Reflexionando en el divino propósito de las pruebas podemos responder a las mismas en una forma que honre a Dios. Tomemos un tiempo para fijar nuestra atención en Dios y buscar entender cuatro lecciones que Él quiere que aprendamos a través de los momentos oscuros de la vida:
1. Un propósito de las pruebas es limpiarnos. Por causa de nuestra naturaleza humana y el mundo egoísta en que vivimos, es bien fácil el desarrollar actitudes egoístas, prioridades mezcladas y hábitos impíos. La presión que las pruebas someten sobre nosotros tienen el propósito de traer a la superficie esas impurezas a nuestra atención y dirigirnos al arrepentimiento. Nuestras pruebas son para purificarnos y guiarnos hacia la santidad, no destruirnos o arruinar nuestras vidas.
2. La segunda razón por la que enfrentamos pruebas, es para que desarrollemos compasión y llevemos alivio a otros. El trabajo que Dios hace en nuestras vidas no está dirigido solo a
nosotros. Está diseñado para alcanzar al mundo que no reconoce ni admite a Dios. Dios utiliza nuestros retos para equiparnos para servir a otros. Mientras experimentamos sufrimiento, aprenderemos la suficiencia de Dios, su presencia reconfortante y su fuerza para soportar. Nuestro testimonio durante los tiempos de prueba será autentico. Aquellos a quienes les ministremos reconocerán que entendemos su dolor. ¿Qué credibilidad tendríamos si nunca
hubiésemos experimentado una gran necesidad?
3. Tercero, Dios nos prometió que El proveería un camino a través de las pruebas que enfrentamos. Los discípulos probablemente pensaban cuan larga seria la tormenta y si podrían lograr llegar a salvo al puerto. Probablemente desearon que nunca hubiese sucedido. Pero si ellos de alguna manera hubiesen evitado la tormenta, se hubiesen perdido la demostración del poder de Jesús sobre el mar y el viento. La situación escalofriante fue transformada en una revelación de la naturaleza divina del Salvador. Dios quiere que conozcamos Su poder a través de nuestras pruebas también.
4. Lo más importante que Él nos da es la certidumbre de su presencia. Al principio los discípulos creyeron que estaban solos en medio de la tormenta. Cuando inicialmente vieron a Cristo su miedo aumento. Creyeron estar viendo un fantasma. Pero al reconocerlo su miedo cambio a esperanza y alivio. Similarmente, muchas veces no sentimos la presencia de Dios en nuestras crisis. Pero Él ha prometido que estaría siempre con nosotros.
“5 Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora, pues él dijo: «No te desampararé ni te dejaré.» 6 Así que podemos decir confiadamente: «El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.» Hebreos 13:5-6
La seguridad de que Dios nunca nos dejara trae inmediato alivio, una infusión de valor y un
sentido de confianza para soportar.
A nadie le gusta el sufrimiento. Pero en las manos del Todopoderoso Dios, las pruebas se convierten en herramientas. El usa los momentos difíciles para darnos la forma que Él quiere que tengamos. Jesús permitió que sus discípulos experimentaran el miedo y la ansiedad de estar solos en un bote en medio de la tormenta. El permitió que sufrieran porque tenía algo mucho más importante que enseñarles. Él quería que aprendieran que no podían hacerlo por si mismos y que aprendieran a depender de Él.
Pídale a Dios que le revele su presencia en medio de sus crisis. Y recuerde, El siempre provee para nuestras necesidades espirituales para soportar y hacernos crecer en nuestra fe cristiana. No estamos solos, aunque a veces se sienta así, Él esta a nuestro lado llevándonos de la mano hasta cruzar al lugar seguro.
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