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La Gracia de Dios y Nuestras Finanzas

Hay muchas cosas que el ser humano ama, la familia, su cónyuge, su trabajo, y así podemos mencionar un sin numero de ellas, pero hay una que la mayoría de las veces se desea de la forma incorrecta, el amor a las riquezas. Todos tenemos necesidades que cubrir, y sabemos que la forma de obtener algo en nuestro mundo es utilizando dinero. Es el dinero lo que hace posible adquirir nuestro sustento, nuestros hogares y todo aquello material que facilita nuestra vida. Toda nuestra economía se maneja a través del intercambio de bienes.


Como cristianos muchas veces pensamos que el dinero y las riquezas son algo que debemos evitar pues se nos ha enseñado erróneamente que las riquezas son malas. Si buscamos en la biblia no encontraremos ningún pasaje dónde se declare el dinero cómo algo malo. Si pensamos bien encontraremos que Dios nos dio el conocimiento para desarrollar un sistema financiero basado en la moneda.


Jesús mismo nos dice y exhorta a pedirle y Él suplirá según el pasaje de Mateo 7:7-11.


7 »Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá, 8 porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 9 ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? 10 ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? 11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? 12 Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos, pues esto es la Ley y los Profetas.

Para poder entender este pasaje primero tenemos que aclarar unos principios bíblicos que no pueden ser violentados. Primero, Dios nos llama a amarle a Él sobre todas las cosas y segundo, a obedecerle siempre. Cuando nuestro amor se desvía hacia otras cosas estamos poniendo a Dios a un lado y levantando un ídolo en su lugar, y de eso Dios no se agrada. Uno de los sitios en donde el ser humano pone su corazón erróneamente son las riquezas. Es por eso que Jesús dijo que es muy difícil para un rico entrar en el reino de los cielos, porque el corazón de la mayoría de los ricos idolatra el dinero y no a Dios.


Este asunto es bien aclarado por Jesús cuando habla con el joven rico (Mateo 10:16-22). Él le pregunta a Jesús que tiene que hacer para heredar la gloria después de haber declarado que ha cumplido con los mandamientos. Jesús conociendo su corazón le dice que tiene que despojarse de todo, darlo a los obres y seguirle. El joven tal ves creyó que Jesús le iba a pedir algo sencillo y al escuchar esas palabras se entristeció y se fue.


¿Era el propósito de Jesús quitarle las riquezas? Definitivamente, no. Jesús quería que el joven se diera cuenta en donde estaba su amor. El joven descubrió que amaba más sus posesiones que a Dios mismo y se olvidó que ese Dios que rechazó es el mismo Dios que lo enriqueció. Se fue y no pudo aceptar el reto.

Solo pensemos que hubiese sucedido si el joven hubiese aceptado, hubiese dado a los pobres y seguido a Jesús. ¿A dónde Jesús lo hubiese llevado? ¿Cuanto más hubiera sido enriquecido? ¿A cuántos hubiese tocado con el amor de Dios? Solo pensemos en Abraham, salió de Ur de los Caldeos con su familia y un pequeño rebaño y terminó siendo un hombre rico y padre una nación. David, un pastor de ovejas que amó tanto a Dios que Dios mismo declaro que tenia un corazón conforme al de Dios, terminó siendo el rey más importante del pueblo de Israel.


Es importante entonces aclarar que Dios, sí, quiere darnos abundancia y enriquecernos con sus bendiciones. Él mismo nos invita a pedir, porque él está dispuesto a darnos (v 7). Pero para él darnos en abundancia es necesario poseer una característica muy importante para Dios. Para esto usaremos una ilustración de un envase y un canal.


Un cristiano envase es aquél que viene ante Dios a presentar sus necesidades con un corazón en forma de cubeta, todo lo que pide es para su propio beneficio, tiene un corazón que solo pide para su uso personal, sus necesidades y sus sueños. No hay en esa persona un corazón sensible que se compadezca de la necesidad de sus hermanos y mientras más recibe de las corrientes del altar de Dios más guarda en su cubeta.


Por otro lado tenemos al cristiano canal. Este es el cristiano que viene ante Dios con un corazón amante de Dios y una disposición a la obediencia completa. Que reconoce que todo lo que tiene, viene de Dios y es de Dios. Que confía en la provisión del cielo y sabe que recibirá lo necesario para su sustento. Es el cristiano que ama a su Dios por encima de todo y que nada corromperá su relación personal con Cristo.


A este tipo de cristiano Dios lo trata de manera diferente, Dios lo bendice por encima de la necesidad y en sobre abundancia.



¿Y por qué Dios lo hace así?


Este cristiano recibe y en ves de guardar para sus tesoros, pone esa sobre abundancia en las manos de Dios y cuando Dios lo llama a bendecir a otros lo hace con corazón alegre pues su amor por Dios es mayor que su amor por las riquezas. Su corazón es un canal que transfiere bendición, no una cubeta que guarda y estanca.


Solo pensemos como es que Dios obra en medio de su pueblo. Usted nunca ha recibido un cheque entregado personalmente por Dios mismo. Ha sido una persona a la cual Dios hablo y ordeno ayudarle. Esa persona fue el instrumento de bendición. Nosotros somos el instrumento físico de Dios en la tierra, si nosotros no tenemos un corazón amante y dispuesto, Dios no nos va a entregar y bendecir en abundancia para guardarla en nuestros bancos y olvidarnos de nuestro prójimo.


Es de suma importancia el analizarnos cuidadosamente, todo sucede paulatinamente. Comenzamos a mirar a nuestro alrededor y deseamos lo que el impío tiene. Ya sea fama, pertenencias y en la gran mayoría de las ocaciones riquezas. Todo eso pasa a ser más importante y comenzamos a poner nuestras energías y tiempo en ello y cuando venimos a darnos cuenta hemos construido un ídolo. Todo ídolo que esté estorbando con nuestro amor hacia Dios especialmente el amor a las riquezas nos aleja de Él y por sobre todo, lo entristece.


¿Cuántas veces has sentido ese llamado a ayudar, esa inquietud a hacer algo por alguien? ¿Cuántas veces has obedecido y actuado? ¿Cuántas veces no has hecho nada? No esperemos que Dios nos bendiga mucho si no hemos obedecido en lo poco.


Él nos ama y nos está llamando a amarle de la misma manera, si nosotros como humanos podemos darle buenas dádivas a nuestros hijos, ¿cuanto más Él esta dispuesto a darnos a nosotros? (v 11).


Nunca olvidemos que Dios es un Dios de principios y uno de esos principios es que desarrollemos una relación personal con Él. Que confiemos en él. Si Dios lo ordenó, él tomará responsabilidad de todas las consecuencias y suplirá lo necesario. Mientras más cerca estemos de él, más bendición recibiremos. Mientras más egocéntricos seamos, seguiremos viviendo en escasez tanto material como espiritual. Tenemos que dejar de mirar al mundo y dejar de imitar sus modos de vivir, somos diferentes, no vivimos para el mundo, vivimos para Cristo. No hay vida mas feliz que aquella de aquel que entrego todo en las manos de Dios, porque esa vida ha dependido, esperado y ha vivido los milagros y bendiciones que vienen por la obediencia y el amor a Cristo.


Un ejemplo hermoso lo encontramos en Simon el pescador, Jesus le pide que le deje usar su barco para poder predicarle a la multitud. Después de predicar Jesús le pide que salgan a pescar. Él pasó la noche pescando sin fruto alguno, pero aún cansado obedeció. Él no sabía el milagro hermoso que le esperaba, pues pescaron tantos peces que las redes se rompían y tuvieron que llamar otros barcos. Pero lo más hermoso es que desde ese momento Jesús le cambió su nombre, lo llamo Pedro y lo convirtió en pescador de hombres, el apóstol más importante del grupo de discípulos. Pedro hizo posible que el evangelio de Jesús se predicara y hoy podemos conocer a Cristo. Tíquico, el ayudante del apóstol Pablo, nadie sabe nada de él. Solo sabemos que era el mensajero de Pablo. Era el que llevaba las cartas a las iglesias. Las mismas cartas que hoy conocemos en el Nuevo Testamento. Si no hubiera sido por él, esas cartas nunca su hubieran reimprimido y por consiguiente el Nuevo Testamento no existiría y hoy, no conociéramos el evangelio. Una obediencia en algo pequeño puede causar implicaciones extraordinarias.


Seamos pues un canal de bendición que Dios pueda utilizar para transferir sus tesoros y riquezas y ser utilizados como instrumentos de su amor. Dios nos dará lo necesario y más, si nuestro corazón es puro y lo hace con amor.


Ahora pregunto:


¿Que tipo de corazón tu tienes un canal o una cubeta?


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